martes, 30 de junio de 2020

Identifican las especies de moluscos no nativas presentes en América del Sur


Mejillón dorado. 
Foto: gentileza investigador.

Investigadores del CONICET, junto con colegas de otros seis países, mapearon las posibles zonas de acceso y distribución. La información es clave para la prevención y control de las potenciales invasoras.

“Se considera especies no nativas a aquellas que fueron introducidas voluntaria o involuntariamente por la acción humana en hábitats de los que no son originarias.

Cabe destacar que no toda especie no nativa es invasora”, apunta el investigador del CONICET Gustavo Darrigran, y desarrolla:

“Algunas se quedan localizadas en un ambiente determinado, no son problemáticas, o lo son en menor medida.

Se convierten en invasoras cuando se adaptan al nuevo ecosistema, se dispersan en un amplio rango y se configuran como agentes de cambio y amenaza para la biodiversidad nativa.

Este impacto negativo trae como factor de preocupación adicional un potencial severo daño económico para la sociedad afectada con la invasión”.

Recientemente el experto, que se desempeña como docente investigador en la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la Universidad Nacional de La Plata (FCNyM, UNLP) y en el Laboratorio de Investigación e Innovación en Educación en Ciencias Exactas y Naturales (LIIECEyN) del Instituto de Investigaciones en Humanidades y Ciencias Sociales (IdIHCS, CONICET-UNLP), encabezó un trabajo que fue publicado en la revista Biological Invasions, en el que en coautoría con otros veintidos importantes malacólogos –como se llama a los especialistas en moluscos, es decir los invertebrados de cuerpo blando como almejas, caracoles y pulpos– de Argentina, Brasil, Chile, Ecuador, Perú, Uruguay y Venezuela logró describir por primera vez cuáles son las especies de moluscos que están presentes en el subcontinente sudamericano sin ser propias del mismo, su origen, punto de ingreso, primeros registros y mapas de distribución, además de puntualizar aquellas que son potenciales invasoras.

“Algo así como un libro de cabecera en el tema”, afirma.


El mejillón dorado se adhiere a caños y rejillas y los obstruye. 
Foto: CCT CONICET La Plata.

La génesis del trabajo fue un grupo de discusión virtual formado por Darrigran donde los expertos intercambiaron bibliografía (en algunos casos, regional y de difícil adquisición) e informes locales de cada uno de sus países, “algo que hasta ahora no se había hecho en moluscos, y es el primer valor importante del trabajo”.

Así, pudieron identificar 86 especies no nativas presentes en 152 de las 189 ecorregiones en las que se divide América del Sur, es decir las áreas geográficamente definidas en la que dominan condiciones ambientales uniformes y se asientan determinados grupos animales y vegetales.

“No se les presta nada de atención porque todavía no ocasionaron problemas económicos, pero son potenciales invasoras.

Este trabajo aporta material que se configura como la línea de base para que cualquier gobierno encare las políticas necesarias para hacer la prevención y control de la entrada de especies no nativas y evitar posibles invasiones”, subraya Darrigran.

Entre las especies más problemáticas que se enumeran en la publicación está el mejillón dorado, cuyo primer registro lo hizo el propio Darrigran en 1991 en la costa del Río de la Plata en Berisso, Buenos Aires y que contracorriente a una velocidad de 240 kilómetros por año llegó a toda la Cuenca del Plata y norte de Brasil, cerca de la Cuenca del río Amazonas; el caracol gigante africano, presente en las provincias de Corrientes y Misiones; la ostra del Pacífico, u ostra japonesa, que luego de minar las playas arenosas de la Bahía San Blas, al sudoeste de Buenos Aires, ya está en la costa de Río Negro; y la almeja asiática, que ingresó por el Río de la Plata proveniente del sudeste de Asia, cubrió hasta el Amazonas y alcanzó Venezuela.

La publicación se integra con gráficos que ponen en evidencia cuatro zonas “calientes” de ingreso de especies no nativas al continente, y cada una de ellas coincide con áreas de urbanización importante, es decir grandes ciudades que cuentan con puertos, aeropuertos y otros espacios de fuerte actividad comercial.


Gustavo Darrigran. 
Foto: CCT CONICET La Plata.

El mejillón dorado, el molusco invasor de mayor impacto

“La llegada de especies no nativas es una problemática que explotó a partir de los ’80 por dos factores: la globalización, que activó el comercio internacional a gran escala; y el cambio climático, con ambientes inestables permeables a la acción de las nuevas especies, las que al no encontrar competencia local por el espacio, se apoderan de él”, explica el experto.

Una gran invasión de especie no nativa de moluscos que se registró en Argentina fue en 1991 en la playa berissense Bagliardi, cuando el propio Darrigran encontró cuatro o cinco individuos de mejillón dorado por metro cuadrado adheridos a las piedras de la costa.

Un año después ya eran unos 20 mil, y al cabo de cuatro años había franjas que llegaban a 150 mil ejemplares sobre la misma superficie.

Esta especie llegó proveniente del sudeste asiático, en principio desde China, mediante el vector más común: el agua de lastre de los barcos, es decir el líquido que se carga en los puertos de origen para darle peso a esos transportes cuando viajan con sus bodegas vacías y que, al llegar a destino, se descarga. 

Se estima que mediante esa vía unas 3 mil especies viajan a diario por el mundo”, apunta.

Al adherirse a toda superficie dura disponible (lo que se conoce como macrofouling) es común que se fije en el interior de caños y filtros de tomas de agua para consumo humano o de canales de riego y en sistemas de refrigeración de centrales eléctricas e industrias.

“Detener la producción para sanearlos provoca pérdidas millonarias”, señala Darrigran, dando como ejemplo los casos de grandes represas hidroeléctricas ubicadas sobre el Río Paraná, en las que una parada no programada de la actividad de una de sus Unidades Generadoras de Energía (UGE) provoca un perjuicio de aproximadamente 250 mil dólares diarios.

“Limpiar el macrofouling que provoca el mejillón dorado en cada una de las decenas de UGE con las que cuentan estas plantas lleva tres días, lo que ejemplifica claramente el gasto que ocasiona esta invasión”.

Para finalizar, Darrigran destaca que “prevenir las invasiones es mucho más económico y operativo que controlar a la especie invasora ya asentada dentro del territorio.

Para ello, detectar las zonas comunes de ingreso de especies no nativas a nivel continental es fundamental y un enorme adelanto para que los gobiernos preocupados por el tema inicien métodos de prevención”, y cierra:

“Lograr que los gobernantes se preocupen por las bioinvasiones depende de la sociedad, para lo cual la educación y el conocimiento son fundamentales”.


Mapa con las zonas calientes de acceso. 
Foto: gentileza investigador.

Por Marcelo Gisande.

Referencia bibliográfica:

Darrigran, G., Agudo-Padrón, I., Baez, P., Belz, C., Cardoso, F., Carranza, A., … & Gregoric, D. E. G. (2020). Non-native mollusks throughout South America: emergent patterns in an understudied continent. Biological Invasions, 22(3), 853-871. DOI: https://doi.org/10.1007/s10530-019-02178-4

Sobre investigación:

Gustavo Darrigran. Investigador independiente. Museo de La Plata. FCNyM, UNLP.

Ignacio Agudo-Padrón. Proyecto “Avulsos Malacológicos”, Brasil.

Pedro Baez. Universidad Andrés Bello, Quintay, Chile.

Carlos Belz. Universidad Federal de Paraná, Brasil.

Franz Cardoso. Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Lima, Perú.

Alvar Carranza. Universidad de la República, Montevideo, Uruguay.

Gonzalo Collado. Universidad del Bío-Bío, Chillán, Chile.

Modesto Correoso. Universidad de las Fuerzas Armadas (ESPE), Ecuador.

María Gabriela Cuezzo. Investigadora independiente. IBN.

Alejandra Fabres. Universidad de Chile.

Diego Gutiérrez Gregoric. Investigador adjunto. Museo de La Plata. FCNyM, UNLP.

Sergio Letelier. Sociedad Malacológica de Chile.

Sandra Ludwig. Universidad Federal de Minas Gerais, Brasil.

María Cristina Mansur. Universidad Federal de Río Grande del Sur, Brasil.

Roberto Santiago Guido PastorinoInvestigador independiente. MACN.

Pablo Penchaszadeh. Investigador superior ad honorem. MACN.

Carolina Peralta. Universidad Simón Bolívar, Caracas, Venezuela.

Andrea Rebolledo. Sociedad Malacológica de Chile.

Alejandra Rumi Macchi Zubiaurre. Investigadora independiente. Museo de La Plata. FCNyM, UNLP.

Sonia Santos. Universidad del Estado de Río de Janeiro (UERJ), Brasil.

Silvana Thiengo. Instituto Oswaldo Cruz/Fiocruz, Rio de Janeiro, Brasil.

Teofânia Vidigal. Universidad Federal de Minas Gerais, Brasil.

María Cristina Damborenea. Investigadora independiente. Museo de La Plata. FCNyM, UNLP.

CONICET

viernes, 26 de junio de 2020

Estrategias biotecnológicas - Nuevas en búsqueda


Cultivos de hongos en cajas de Petri, afines al género Zopfiella
Foto; gentileza investigador.

Investigadores del CONICET estudian la capacidad de favorecer el desarrollo vegetal en hongos dispersados por roedores subterráneos en el Desierto del Monte de La Rioja.

El Desierto del Monte riojano se caracteriza por un patrón de parches de vegetación e interparches de suelo desnudo sin cobertura.

En este ambiente árido habitan roedores subterráneos estrictamente herbívoros -se alimentan de tallos, hojas y raíces- del género Ctenomys, que con su intensa actividad producen una significativa alteración de las propiedades del suelo, al combinar la excavación con la ingesta de material vegetal y la deposición de heces dentro de galerías subterráneas.

Este último proceso es el que despierta el interés del equipo de Micología Aplicada del Centro Regional de Investigaciones Científicas y Transferencia Tecnológica de la Rioja (CRILAR, CONICET-LA RIOJA-UNLAR-SEGEMAR-UNCA), que estudia las heces de estos roedores, para detectar la dispersión de hongos con capacidad de asociarse benéficamente con las raíces de las plantas y promover su crecimiento.

Inicialmente, los investigadores lograron detectar la presencia de hongos Glomeromycota, que son ingeridos junto a las raíces y permanecen activos en las heces después de atravesar el tracto digestivo del roedor.

En este sentido, los especialistas consideran que el intenso movimiento de los roedores subterráneos –que cavan extensas galerías poco profundas- favorece la dispersión de estos hongos bajo el suelo y la consecuente colonización de nuevas plántulas con muy baja actividad biológica.

“En investigaciones recientes aislamos, a partir de las heces, cepas de hongos negros coprófilos –es decir, típicamente vinculados a la materia fecal-, con el fin de evaluar su capacidad para asociarse con las raíces de especies del Monte y el modo en el que lo hacen”, explica Sebastián Fracchia, investigador del CONICET y coordinador del grupo de Micología Aplicada del CRILAR.

La mayor parte de las cepas aisladas por los investigadores pertenece al género Zopfiella, un grupo poco estudiado de coprófilos, que fueron identificados en estudios genómicos de hongos asociados a raíces de plantas en zonas desérticas de América del Norte.

En ensayos realizados en el laboratorio -bajo condiciones controladas, similares a las del desierto riojano- con especies de plantas nativas inoculadas con estos hongos coprófilos, los investigadores pudieron comprobar que estos últimos crecen profusamente alrededor de las raíces y algunas cepas producen asociaciones simbióticas endofíticas (es decir, el hongo coloniza el interior de los tejidos de las raíces) que promueven el crecimiento vegetal en ciertos casos.


Asociación de hongos negros al sistema radical de una planta hospedante. 
Foto; gentileza investigador.

Evaluaciones fisiológicas de veintitrés cepas aisladas demostraron que estos hongos pueden solubilizar fósforo, un elemento cuya poca disponibilidad en los suelos arenosos del Desierto del Monte es un limitante para el desarrollo de las plantas.

También demostraron la capacidad de producir hormonas como indoles, que son compuestos que favorecen el desarrollo vegetal.

El siguiente paso que están explorando actualmente los investigadores consiste en evaluar si estos hongos tienen la capacidad de mitigar las condiciones de estrés hídrico y térmico que predominan en el ambiente desértico.

En este sentido, ya demostraron que la amplia red hifal que crece alrededor de las raíces le permite a la planta hospedante retener más agua que las plantas control sin asociación fúngica.

“Si bien para los primeros ensayos probamos con especies nativas del desierto, nuestra idea es estudiar los potenciales efectos benéficos de estos hongos en cultivos de mayor interés agronómico en condiciones de estrés abiótico (hídrico y térmico).

En un contexto de cambio climático, aumento global de la temperatura y avance de los procesos de desertificación, estos hongos podrían constituir una estrategia biotecnológica relevante para mantener el rinde de cultivos en áreas marginales con suelos pobres y precipitaciones variables, reemplazando eventualmente agroquímicos de alto costo monetario y ambiental”, señala el investigador.

Los estudios sobre cómo la actividad de estos roedores del género Ctenomys alteran las propiedades del suelo se han publicado en la revista Microbial Ecology y la caracterización de la asociación simbiótica de los hongos coprófilos con las plantas en Fungal Ecology.

“El objetivo final, al igual que en varios proyectos generados en el laboratorio de Micología Aplicada, es avanzar hacia el desarrollo de aplicaciones biotecnológicas involucrando empresas del sector de bioinsumos”, concluye Fracchia.

Por Miguel Faigón

Referencias bibliográficas:

Miranda, V., Sede, S., Aranda-Rickert, A., Rothen, C., Scervino, J. M., Barros, J., & Fracchia, S. (2020). Taxonomy, life cycle and endophytism of coprophilous fungi from an underground desert rodent. Fungal Ecology, 43, 100872. https://doi.org/10.1016/j.funeco.2019.100872

Miranda, V., Rothen, C., Yela, N., Aranda-Rickert, A., Barros, J., Calcagno, J., & Fracchia, S. (2019). Subterranean Desert Rodents (Genus Ctenomys) Create Soil Patches Enriched in Root Endophytic Fungal Propagules. Microbial ecology, 77(2), 451-459. https://doi.org/10.1007/s0024

Sobre investigación:

Sebastián Fracchia. Investigador independiente. CRILAR

Silvana Sede. Investigadora independiente. IBODA

Martín Scervino. Investigador independiente . INIBIOMA

Carolina Rothen. Investigadora asistente. CRILAR

Victoria Miranda. Becaria postdoctoral. CRILAR

Johana Barros. Técnica. CRILAR

CONICET

Pesquería de vieira - Presentan avances para alcanzar un enfoque ecosistémico de la pesca


Presentan avances en la pesquería de vieira para alcanzar un enfoque ecosistémico de la pesca

Fue durante un encuentro virtual realizado en el marco del proyecto “Proteger la biodiversidad marina: Enfoque Ecosistémico de la Pesca y áreas protegidas.

El viernes 12 de junio tuvo lugar un taller virtual para presentar en forma participativa una propuesta de indicadores sociales y socioeconómicos de la pesquería de vieira patagónica.

El objetivo fue generar un intercambio entre diversos actores sobre los indicadores presentados y contribuir a la elaboración del primer plan de manejo con enfoque ecosistémico pesquero, en este caso para la vieira, seleccionada como pesquería piloto.

Antonio de Nichilo, Coordinador Técnico Nacional del proyecto “Proteger la biodiversidad marina: Enfoque Ecosistémico de la Pesca y áreas protegidas”, realizó la apertura en representación de Gabriela González Trilla, Directora Nacional de Gestión Ambiental del Agua y los Ecosistemas Acuáticos del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible.


La reunión, realizada en el marco del proyecto, contó con la participación de miembros del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, la Subsecretaría de Pesca y Acuicultura del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca, el Consejo Federal Pesquero, provincias, con litoral marítimo, empresas pesqueras, el Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero (INIDEP), el Grupo de Economía Pesquera de la Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMDP), profesionales del campo de la sociología y la economía, y organizaciones de sociedad civil.

En diciembre de 2018 se realizó el taller “Lineamientos para el plan de manejo de vieira” en las instalaciones del INIDEP, con el propósito de presentar los avances logrados en el marco del Proyecto sobre los aspectos biológicos, pesqueros y socioeconómicos de la vieira patagónica a los fines de la futura elaboración de su plan de manejo.

La reunión contó con la participación de organismos de gestión pesquera nacional y provincial, empresas pesqueras, referentes académicos, organizaciones de la sociedad civil y consultores de la FAO.

A partir de dicho taller, se estableció como paso a seguir la elaboración de un borrador de plan de manejo para la vieira patagónica teniendo en cuenta los aspectos biológicos, pesqueros, sociales y económicos presentados, y lo discutido en plenario sobre los distintos atributos de la pesquería a partir de un análisis FODA, para consideración del Consejo Federal Pesquero. 

El equipo de Economía Pesquera de la Universidad Nacional de Mar del Plata y el consultor sociólogo, ambos contratados por el Proyecto, se comprometieron a avanzar en la elaboración de indicadores sociales y económicos de la pesquería, información que actualmente se encuentra disponible.

Sobre el Proyecto

El objetivo del proyecto -ejecutado por el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible e implementado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), con financiamiento del Fondo para el Medio Ambiente Mundial (FMAM)- es fortalecer las capacidades de gestión y protección de la biodiversidad marina en áreas de importancia ecológica, ampliando el conocimiento sobre los aspectos biológicos, ecológicos, sociales y económicos de los ecosistemas marinos, creando y fortaleciendo áreas marinas protegidas, aplicando el enfoque ecosistémico de la pesca, para minimizar los impactos negativos de la actividad.

Contar con un enfoque ecosistémico de la pesca permite asumir una mirada amplia de las pesquerías, teniendo en cuenta que la actividad en enmarca en un ambiente y un contexto social determinado.

De esta manera se busca incorporar la mayor cantidad de variables y factores que incidan en la pesquería para que sea sostenible en el tiempo y que contemple elementos que consideren, no solamente cuestiones relativas al recurso, sino también la gente involucrada.

INIDEP

jueves, 25 de junio de 2020

Insectos benéficos, aliados para controlar plagas en algodón


Insectos benéficos, aliados para controlar plagas en algodón

Desde el INTA destacan el rol de los predadores y parásitos como enemigos naturales y agentes de control biológico en este cultivo.

Además, recomiendan favorecer los ambientes naturales como montes y arbustivas o siembras de borduras con maíz o sorgo.

Eficiencia, sustentabilidad y bajo costo, entre los beneficios de aplicar esta estrategia.

Frente a un mundo que se pone como meta incrementar la sustentabilidad en todas sus actividades, resurgen alternativas que estrechan la relación de la humanidad con la naturaleza, al punto de conocer las características de ambientes, cultivos e interacciones biológicas y comprender los ciclos productivos.

Así, surge un nuevo enfoque en la protección vegetal basado en criterios ecológicos y económicos para resolver los problemas de la sanidad de los cultivos: el manejo integrado de plagas.

Disminuir la dependencia de sustancias químicas y un mejor aprovechamiento de los recursos del sistema, entre los objetivos.

Para Mario Mondino, investigador del INTA Santiago del Estero, el control biológico es un método de manejo integrado de plagas de “gran potencial” en el cultivo del algodón.

“Emplear predadores y parasitoides pueden evitar que una población de plagas alcance niveles de tratamiento y representa un control más barato, eficiente y sustentable que el proporcionado por los insecticidas”, aseguró.

De acuerdo con el especialista, “la mayoría de los insectos plaga del algodón tienen sus enemigos naturales, los que pueden tener una mayor o menor importancia como agente de control”.

En esta línea, reconoció que suelen ser “poco conocidos” y no suelen ser tenidos en cuenta por los productores para controlar las plagas de insectos.

“No reconocen el valor económico y ambiental de estos agentes biológicos y priorizan la detección temprana de las especies plagas a fin de tomar medidas fitosanitarias que impidan un daño económico”, subrayó.

Entre los insectos benéficos que se pueden utilizar para el control biológico, Mondino se refirió a los predadores y a los parasitoides, según las actividades biológicas en relación a sus presas.

Y destacó el rol que cumplen las vaquitas, crisopas, chinches, moscas, avispas y arañas, entre otros tantos, en el control de plagas del algodón.

Asimismo, no dudó en enfatizar la importancia que tienen para los pequeños productores de algodón, la presencia de montes y otras vegetaciones arbustivas naturales rodeando el lote de producción lo que genera una alta diversidad biológica.

También la siembra de “borduras” a base de maíz y sorgo producen similares efectos en lotes agrícolas.

“Estas plantas nativas o implantadas, protegen y nutren a los insectos útiles con polen y néctar y permiten el aumento de su población en forma natural”, indicó.

Es que, de acuerdo con el investigador, “a medida que los agroecosistemas aumentan la superficie del lote y disminuyen su diversidad, se vuelven más frágiles y permiten la aparición de insectos plagas de difícil control”.


Existen más de 600 géneros de 45 familias de artrópodos predadores 
en cultivos de algodón del mundo.

Insectos benéficos: tan variados como beneficiosos

Existen más de 600 géneros de 45 familias de artrópodos predadores en cultivos de algodón del mundo.

En algún momento del ciclo, cazan y matan a sus presas en forma directa, para alimentarse con el fin de completar su ciclo de vida.

Los parasitoides, por su parte, pueden ser especialistas en una sola especie huésped o en varias especies relacionadas, o bien pueden ser generalistas, atacando muchos tipos de huéspedes.

Por lo general, atacan a insectos más grandes que ellos, colocando sus huevos interna o externamente sobre sus cuerpos, de las que sus larvas al nacer se comen la mayoría o la totalidad de sus anfitriones.

Entre los predadores de mayor presencia, se destacan las vaquitas o mariquitas.

Mientras que en el mundo se registran alrededor de 6 mil especies, en la Argentina sólo se encuentran 125 especies. 

En su ciclo de vida, cada uno de estos insectos pueden comer entre 1.000 y 2.400 pulgones.

A pesar de su preferencia por los pulgones, pueden alimentarse de otras presas como vaquitas jóvenes, huevos de orugas, huevos de escarabajos, ácaros, trips y otros pequeños insectos, lo que los destaca como enemigos naturales muy valiosos.

Las crisopas son predadores voraces en sus fases larvales, poseen un alto potencial reproductivo, aparición en todas las campañas, tienen gran movilidad y capacidad para buscar presas.

Se alimentan de pulgones, ácaros, moscas blancas y huevos y pequeñas larvas de orugas capulleras y gusanos cogolleros.

Por su parte, las chinches se alimentan de muchos insectos, incluidos los huevos de gusanos capulleros, pequeñas orugas, moscas blancas, pulgones y ácaros.

Entre los predadores de menor presencia se ubican las moscas con un gran potencial como depredadores voraces de pulgones, aunque también se alimentan de trips, moscas blancas y psilidos.

Las chinches asesinas pueden capturar presas de mayor tamaño como orugas grandes y gorgojos adultos, así como insectos benéficos.

Además, las avispas o “caranes” prefieren alimentarse de las orugas de lepidópteros (gusanos cortadores y orugas capulleras), pero también consumen moscas y larvas de escarabajos.

Las arañas son depredadoras capaces de alimentarse de varias plagas, inclusive del picudo del algodonero, principal plaga del algodón.

A su vez, las mantis religiosas, “mamboretá” o “tata dios” son buenas para combatir cualquier insecto de tamaño grande como orugas capulleras, Spodopteras, coleópteros, moscas, chinches sean plagas o benéficas.

Las libélulas y alguaciles se alimentan de mosquitos, moscas y otros insectos voladores, incluyendo a las mariposas, polillas.

Entre los parasitoides, se destacan las moscas taquinidas que disminuyen las poblaciones de insectos plagas como chinches, orugas capulleras, de la hoja y cogolleros que atacan el algodón.

Por su parte, la avispita parásita ataca principalmente al pulgón.

Además, los parasitoides del género Encarsia se consideran los parasitoides más importantes de mosca blanca.

Las Trichogramma son diminutas avispitas ejercen un control altamente satisfactorio de los huevos de Heliothis, efecto que se extiende hacia los huevos de otra plaga del algodón como la oruga de la hoja.

Más información AQUI

INTA

miércoles, 24 de junio de 2020

Ttrigo agroecológico es rentable - Confirman


Confirman que el trigo es rentable en el modelo agroecológico

Un ensayo de la Chacra Experimental Integrada Barrow (Ministerio Desarrollo Agrario, provincia de Buenos Aires - INTA) demostró que mediante esta estrategia de manejo se optimizan los rendimientos y se reducen los costos.

Además, se minimiza el impacto ambiental, al sustituir insumos químicos por procesos biológicos.

Mitos sobre la agroecología, abundan. 

Uno de ellos sostiene que es imposible ser productivo y, al mismo tiempo, sustentable.

Sin embargo, un reciente ensayo de la Chacra Experimental Integrada Barrow demostró que con manejo agroecológico en trigo es posible aumentar la rentabilidad y reducir el impacto ambiental.

“Los sistemas simplificados actuales enfrentan costos muy altos, principalmente, en insumos químicos como fertilizantes y herbicidas”, reconoció Martín Zamora –referente nacional de Agroecología del INTA–.

En términos generales, “para producir una hectárea de trigo se necesita un rendimiento de 3.500 kilos sólo para salvar los gastos”, ejemplificó el especialista.

Y no dudó en asegurar que “esto es muy riesgoso, en especial, para los productores medianos y pequeños”.

En este sentido, se refirió a los resultados de un ensayo realizado en la Chacra Experimental Integrada Barrow –presentados en el último congreso argentino de Agroecología– en la que se demuestra que con un manejo agroecológico en trigo es posible reducir costos, aumentar la rentabilidad y minimizar el impacto ambiental.

“Al sustituir insumos químicos y energía externa con procesos e interacciones naturales, se ahorran entre 39 y 49 % del costo directo total, con un mismo rendimiento”, explicó.

Con respecto al mito de que sólo es apta para pequeñas extensiones, Zamora lo desestimó.

“La agroecología se basa en principios, no en recetas”, sentenció, al tiempo que explicó que puede ser aplicada tanto en pequeñas extensiones como en cultivos extensivos de trigo o maíz y hasta en la ganadería.

“No es una vuelta al pasado, sino una tecnología nueva y superadora de lo, hasta ahora, conocido”.

Según el especialista, a medida que se conocen los datos de beneficios sociales, ambientales y económicos de este manejo agronómico, se incrementa el interés de los productores.

“Hay un crecimiento exponencial de demanda. Sólo en Buenos Aires, hay más de 100 grandes productores en pleno proceso de transición hacia la agroecología”.

En esta línea, Agustín Barbera –extensionista de la Chacra Experimental Integrada Barrow– fue más allá y aseguró que “los productores consultan, en principio, motivados por una cuestión económica y por la falta de rentabilidad de sus sistemas”.

“Pero, en el camino, despuntan otros sentimientos como la valoración del hábitat en el que se desarrollan, el ambiente en general, la salud del suelo que cultivan”, indicó.

A su vez, reconoció que “hay una mayor sensibilización entre los productores por el impacto ambiental que generan los insumos químicos que emplean”.

En esta línea, Zamora no dudó en asegurar que “una vez que los productores entienden los principios de la agroecología, sus innumerables beneficios y el aporte de los diversos procesos biológicos no pueden volver a producir de una manera simplificada”.

Barbera coincidió con este punto y aseguró que “cuando los productores ven los resultados promisorios y que, por ejemplo, es posible incorporar nitrógeno biológicamente y mejorar la fertilidad de manera natural al suelo mediante la implantación de leguminosas, se animan y entusiasman. 

Se sienten más aliviados al tener producciones seguras”.


Zamora: “Al sustituir insumos químicos y energía externa con procesos e interacciones naturales, se ahorran entre 39 y 49% del costo directo total, con un mismo rendimiento”.

Complejizar los sistemas para simplificar los problemas

Para Zamora, la receta es simple:

“Hay que complejizar los sistemas”.

Según el especialista, la agroecología es un círculo virtuoso en el que, con aplicar las estrategias agroecológicas, se ven numerosos beneficios.

“La clave está en lograr la mayor interrelación y cooperación de los diversos componentes que conforman un sistema”, para lo cual es “clave” tener en cuenta a la biodiversidad, uno de los principios más importantes de la agroecología.

En este sentido, recomendó “combinar los servicios productivos de los cultivos con los ecosistémicos para obtener innumerables beneficios”.

Entre las diversas combinaciones posibles, destacó el gran aporte de intercalar gramíneas con leguminosas.

“Se plantean soluciones cortoplacistas que actúan sobre los síntomas y no sobre las causas.

Así, todos los años tienen problemas cada vez más graves”.

Así, lo resumió Barbera para referirse a la dificultad que tienen los modelos simplificados para resolver las diversas problemáticas, a pesar del mayor uso de insumos químicos., explicó.

“Desde la agroecología buscamos estimular los procesos biológicos mediante diversas estrategias y lograr, así, no depender de los insumos químicos ni biológicos”, detalló Barbera.

INTA

La etnobiología después de la pandemia


Bosque de pehuén en Patagonia. Al mismo tiempo que las comunidades locales recolectan las semillas como alimento, las siembran para favorecer su regeneración. 
Foto: Ana Ladio.

Investigadores del CONICET participan de un trabajo publicado en Nature Plants en el que especialistas de todo el mundo advierten las oportunidades y limitaciones que tendrá la investigación en este campo centrado en el vínculo entre los seres humanos y otros seres vivos.

La etnobiología es un campo interdisciplinar que estudia las relaciones pasadas y presentes entre los seres humanos, la cultura y el ambiente biofísico, y brinda especial atención a los conocimientos y usos tradicionales de plantas y animales.

En este sentido, se trata de una práctica sostenida sobre un trabajo en el terreno que requiere frecuentemente que los especialistas se trasladen hasta lugares remotos y aislados para interactuar de forma directa con comunidades locales e indígenas.

Por la importancia de sus aportes a la conservación de lo que se conoce como ‘diversidad biocultural’, se la ha denominado como la ‘ciencia de la supervivencia’.

La crisis sanitaria mundial ocasionada por la pandemia de COVID-19, junto con las diferentes medidas destinadas a combatirla, no sólo ha pausado momentáneamente gran parte de la actividad de los etnobiólogos alrededor del globo, sino que, dado que su objeto de estudio implica una preocupación por las problemáticas sociales y ambientales, los especialistas se preguntan cómo se verá transformada esta disciplina una vez controlados los contagios.

Esta pregunta es el disparador de un trabajo publicado recientemente en la revista Nature Plants del que participan veintinueve etnobiólogos de diecisiete países distintos, convocados por la primera autora, Ina Vandebroek, investigadora del Jardín Botánico de Nueva York (Estados Unidos).

Entre los coautores hay dos investigadores del CONICET: Ana Ladio, del Grupo de Etnobiología del Instituto de Investigaciones en Biodiversidad y Medioambiente (INIBIOMA, CONICET-UNCOMA) y Julio Hurrell, del Laboratorio de Etnobotánica y Botánica Aplicada (LEBA) de la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la Universidad Nacional de la Plata (FCNyM, UNLP).

Dado que los diferentes etnobiólogos que participan del artículo trabajan en espacios geográficos y contextos sociales, culturales y políticos muy diferentes, se optó por registrar las reflexiones individuales de cada uno (en algunos casos de los grupos de trabajo) , organizando las respuestas en torno a tres ejes temáticos que son comunes a las preocupaciones de la mayoría:

1) la manera en que la pandemia impactará sobre los modos de vida de las comunidades indígenas y locales y su manejo de los recursos naturales;

2)la manera en que la crisis afectará las futuras interacciones entre los investigadores y las comunidades locales; 3) cuáles deberían ser las nuevas prioridades de la disciplina.


Ana Ladio. 
Foto: gentileza investigadora.

Hacia una vieja/nueva ética ambiental

“Una preocupación bastante extendida entre los coautores del trabajo es el hecho de que subsistencia de las diferentes comunidades con las que interactuamos depende directamente del uso de recursos naturales para alimentarse y obtener medicinas y, en ese sentido, las medidas de distanciamiento y las dificultades para poder salir complican la posibilidad de reproducir sus modos de vida”, explica Ana Ladio, quien trabaja en Patagonia con comunidades mapuches y mapuche-tehuelches.

De acuerdo con la investigadora, este problema se agrava si se tiene en cuenta que una vez finalizadas la medidas de confinamiento y aislamiento, las ferias populares, también llamadas mercados mojados, en las que las comunidades locales comercializan productos frescos como plantas y animales, aun tendrán que permanecer cerradas o al menos bajo sospecha, dada la hipótesis de que la enfermedad tuvo origen en la venta ilegal de animales exóticos en China.

“Lo que hace este virus es aprovecharse de la interacción de las personas entre sí y con el medioambiente. 

Por eso es importante alertar sobre la importancia de estudiar en profundidad estos vínculos, que son los que desataron esta pandemia y podrían generar otras.

Para ello es importante tener en cuenta los aportes del conocimiento científico, claro, pero también lo que tengan para decirnos comunidades que históricamente sostienen otras formas de vincularse con la naturaleza y los recursos que ella provee”, advierte Ladio.

En su participación en el artículo, Ladio señala que la investigación en etnobiología, a partir de la interacción con las comunidades indígena y locales, anticipó la actual crisis socioambiental, cuya causa principal identifica con la imposición de una lógica de mercado global inescrupulosa, basada en la destrucción indiscriminada de bosques, el uso de agroquímicos perjudiciales y, en particular, el tráfico ilegal de especies silvestres

“En nuestro trabajo de campo en Patagonia hace mucho que escuchamos alertas sobre cómo la sociedad de mercado utiliza el medioambiente, sobreexplotando los recursos naturales.

En contraste, estas sociedades han tenido formas de cuidado ancestrales de la naturaleza sostenidas en el hecho de verse a sí mismas integradas al medioambiente y no como algo distinto del mismo”, señala la investigadora.

En este sentido, Ladio postula la necesidad de adoptar una nueva ética ambiental en la que la explotación de la naturaleza sea reemplazada por una crianza mutua de humanos y medioambiente.

“Es algo que pude aprender de las comunidades con las que he trabajado todos estos años.

Se trata de una mirada ética que implica que el ser humano no se ponga por encima de la naturaleza, sino que se vea como su igual. Si ella nos cuida proveyéndonos alimentos y medicinas, nosotros tenemos el compromiso de cuidarla, sabiendo que si le va mal a ella nos va a ir mal también”, afirma.

A modo de ejemplificar el tipo de vínculo con la naturaleza implicado en esta nueva ética ambiental, Ladio señala lo que ocurre con los bosques de pehuén en Patagonia, en los que al mismo tiempo que las comunidades locales recolectan sus semillas como alimento, también las siembran para favorecer su regeneración, como una costumbre ancestral.

“Es un ejemplo concreto de lo que hoy consideraríamos una práctica sustentable”, concluye.


Bosque de pehuén en Patagonia. Al mismo tiempo que las comunidades locales recolectan las semillas como alimento, las siembran para favorecer su regeneración. 
Foto: Ana Ladio.

Una oportunidad para cambiar

De acuerdo con Julio Hurrell, cuyo aporte al trabajo publicado en Nature Plantas fue elaborado en colaboración con dos colegas del Laboratorio de Etnobotánica y Botánica Aplicada, Jeremías Puentes, becario posdoctoral del CONICET, y Patricia Arenas, quien hasta marzo de este año fue profesional principal del Consejo, no es posible predecir el impacto que tendrá la pandemia sobre la práctica profesional de los etnobiólogos.

“Sacar conclusiones cuando aún estamos cursando la pandemia sería hacer futurología”, señala.

Hurrell, Puentes y Arenas centran sus investigaciones en lo que conoce como etnobotánica urbana y trabajan en el área metropolitana de Buenos Aires (AMBA) con grupos de inmigrantes que comercializan plantas con usos alimentarios y/o medicinales. Específicamente con una comunidad boliviana en Liniers y con inmigrantes provenientes de China que trabajan en supermercados del ‘barrio chino’ de la Ciudad de Buenos Aires.

“Nuestro trabajo de campo en el barrio chino se vio completamente interrumpido cuando comenzó la cuarentena y hemos perdido el contacto con nuestros informantes sin saber si lo vamos a poder retomar.

Es un problema común al de muchos colegas”, afirma el investigador.

De acuerdo con Hurrell, lograr lazos de confianza con las personas a las que entrevistan para que les hablen sobre el conocimiento que tienen de las plantas que comercializan y sus usos es una tarea ardua y delicada, a la que en este caso se agrega el problema del idioma.

Más allá de querer evitar caer en la futurología, Hurrell destaca la necesidad de que tras la pandemia se continúen profundizando los cambios que se vienen produciendo en el último lustro en torno al marco teórico que orienta la disciplina, vinculados a cuestiones como repensar la naturaleza y la cultura como un continuo y ya no como dos cosas separadas, o reconsiderar las entrevistas como sistemas de comunicación que generan significados y no como meros intercambios.

“En este sentido, en necesario tener en cuenta que cuando hacemos trabajo de campo en etnobiología, lo más importante es lo que las personas de las comunidades con las que trabajamos nos dicen sobre su entorno vegetal y animal, algo que a veces se pierde de vista”, subraya Hurrell.

En su contribución al artículo conjunto, que es a la vez la que cierra el trabajo, los científicos del Laboratorio de Etnobotánica y Botánica Aplicada destacan que continuar repensando las problemáticas teóricas y metodológicas de la etnobiología podría contribuir a darle un nuevo sentido a la disciplina luego de que pase la crisis del COVID-19, la cual no sólo debe ser vista como una catástrofe, sino también como una oportunidad para cambiar.

Por Miguel Faigón

Referencia bibliográfica

Vandebroek, I., Pieroni, A., Stepp, J.R. et al. Reshaping the future of ethnobiology research after the COVID-19 pandemic. Nat. Plants (2020). https://doi.org/10.1038/s41477-020-0691-6

CONICET

viernes, 19 de junio de 2020

Lamprea patagónica argentina - La historia detrás


Clasificar adecuadamente a la lamprea argentina es un aporte fundamental para su conservación. 
Foto: gentileza investigadora.

Investigadoras del CONICET detectaron que había sido clasificada erróneamente y confundida con una especie distinta del mismo género.

Esta corrección aporta conocimiento fundamental para la conservación de estos animales.

Un equipo científico que estudia peces en el río Santa Cruz indicó que las lampreas que se encuentran allí no pertenecen a la especie Geotria australis, como se creía hasta ahora, sino a Geotria macrostomus. 

Esta información que puede parecer técnica, es de gran implicancia a la hora de pensar acciones de conservación para estos animales, considerados por especialistas como fósiles vivientes.

“En 1998 empecé a trabajar en el río Santa Cruz para  mi tesis doctoral, estudiando las bases genéticas y los factores ambientales que determinan la anadromía, es decir, el comportamiento de aquellos peces que migran al océano para alimentarse y retornan al río para desovar.

Frente a la inminente construcción de dos represas: Cóndor Cliff y Barrancosa, en el cauce principal del río, resultaba urgente, generar más información de las especies presentes y de los posibles impactos que podía tener el proyecto.

En el año 2018 desde la empresa IEASA, encargada de supervisar las obras y garantizar la sustentabilidad ambiental, invitaron a mi grupo a estudiar sobre la lamprea Geotria australis.

Así empezó el gran desafío de conocer más acerca de una de las especies de vertebrados más antiguas”, explica Carla Riva Rossi, investigadora adjunta del CONICET en el Instituto de Diversidad y Evolución Austral (IDEAUS, CONICET).

El trabajo, publicado en la revista Plos One, sostiene que el equipo de científicas que integran Riva Rossi y la investigadora asistente del CONICET, Pamela Quiroga, generaron una gran cantidad de información en un lapso corto de tiempo frente a la amenaza del hábitat de las lampreas del río Santa Cruz por de la construcción de las represas y fue a partir de estos estudios que empezaron a encontrar ciertas características en esta especie que les llamaron mucho la atención.


La lamprea argentina. 
Foto: gentileza investigadora.

“Comenzamos a investigar acerca de Geotria australis, del Hemisferio Sur, presente en Chile y Australasia y también convocamos a una especialista de Nueva Zelanda, la Dra. Cindy Baker, para asesorarnos sobre su ecología.

A partir de fotografías e imágenes publicadas observamos diferencias en la morfología oral, la dentición y el tamaño y posición de las aletas entre ejemplares de ríos de Patagonia y aquellos provenientes de otros lugares.

Estas diferencias morfológicas, junto con diferencias genéticas ya habían sido reportadas en estudios previos de la especie, pero ningún de ellos había incluido ejemplares de Argentina.

Entonces empleamos análisis de ADN mitocondrial en el Laboratorio de Biología Molecular del IDEAUS y encontramos diferencias moleculares extraordinarias entre Geotria de Argentina y aquellas de Chile y Australasia”, comenta Riva Rossi.

Lejos de detenerse con los resultados conseguidos en el laboratorio, el equipo de científicos se dedicó a indagar en archivos históricos y hallaron un antiguo estudio taxonómico en el que se describía una especie de lamprea capturada viva en una calle de la ciudad de Buenos Aires y descripta por el naturalista, Carlos Germán Conrado Burmeister en 1867.

En la presentación científica del ejemplar encontrado, llevada a cabo en la sociedad Paleontológica de Buenos Aires, el especialista afirmó: “la nueva especie que se ha encontrado en la calle de Buenos Aires, propongo llamarla Petromyzon macrostomus.

Tiene una longitud de 0,40 metros y una figura prolongada cilíndrica como todas las especies conocidas pero bastante comprimida a los dos lados”.

Posteriormente, en el año 1893Carlos Berg, zoólogo alemán, radicado en Argentina, revisa el material y le reasigna el nombre de Geotría macrostoma.

Lo que llamó la atención de la científica es que estas primeras descripciones por parte de Burmeister y Berg, es que a pesar de ser correctas, como demuestra la investigación realizada por el equipo de trabajo del IDEAUS, fueron desestimada posteriormente y se reclasificó a la especie como Geotria australis.

“Pero nuestros resultados muestran que la lamprea Argentina Geotria macrostoma es una especie con características únicas en su ecología, fisiología y comportamiento y adaptaciones que son el resultado de procesos evolutivos históricos y recientes en respuesta a las diferentes características de su medio ambiente.

Desconocer o ignorar esta singularidad e implementar acciones de conservación diseñadas para otras especies de lamprea, incluyendo a su congénere, la lamprea de bolsa de Chile y Australasia, puede llevar a decisiones erróneas de manejo, inadecuadas para garantizar la viabilidad poblacional y el potencial evolutivo de la lamprea Argentina”, indica Riva Rossi.

Por Alejandro Cannizzaro

Referencia bibliográfica

Riva-Rossi, C., Barrasso, D. A., Baker, C., Quiroga, A. P., Baigún, C., & Basso, N. G. (2020). Revalidation of the Argentinian pouched lamprey Geotria macrostoma (Burmeister, 1868) with molecular and morphological evidence. Plos one, 15(5), https://doi.org/10.1371/journal.pone.0233792

CONICET

miércoles, 17 de junio de 2020

Clima - un factor de riesgo, potenciado por el cambio climático


Clima - un factor de riesgo, potenciado por el cambio climático

Para fin de siglo, la Argentina registrará un incremento en las temperaturas promedio y una mayor variabilidad climática con fenómenos extremos más intensos y frecuentes.

Desde el INTA recomiendan anticiparse a este contexto para una mejor adaptación.

Más de 25 modelos climáticos globales internacionales de diferentes centros de investigación del mundo coincidieron en una serie de estimaciones regionales para fin de siglo. 

Entre 2070 y 2100, advierten que la Argentina registrará hasta un 20 % menos de precipitaciones para la región Cuyo y Patagonia y un aumento de hasta un 20 % para el resto del territorio nacional.

Además, indican que las temperaturas promedio en nuestro país aumentarán entre 2 y 4° C.

De este incremento, estiman que habrá una mayor intensidad y frecuencia de fenómenos extremos que afectarán, entre otros sistemas, al agroalimentario.

Se trata del escenario más pesimista que considera una sociedad y un mundo sin cambios.

A pesar de este escenario pesimista, Gabriel Rodríguez –especialista en variabilidad climática del Instituto de Clima y Agua del INTA Castelar– aseguró que “comparado con otras regiones del mundo, el cambio climático afectará al sector agrícola de la Argentina de un modo moderado, en lo referido a precipitaciones y temperaturas”.

Es que, según el investigador, “a partir de varios estudios del INTA, podemos estimar que los rendimientos de los principales cultivos agrícolas a escala regional van a aumentar, a pesar del impacto del cambio climático en el sector”.

De todos modos, advirtió: “También habrá pérdidas, en especial, en aquellos sitios donde los incrementos de las lluvias no alcancen para compensar la mayor demanda hídrica derivada del aumento estimado de las temperaturas, lo que generará diversos grados de déficit hídrico”.

“El clima siempre ha sido un factor de riesgo para el sector agropecuario que se verá potenciado en el contexto del cambio climático”, aseguró el técnico del INTA para quien es “clave” una modificación de la productividad vegetal y animal a fin de disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). 

Para Rodríguez, “ciertos procesos ajenos al cambio climático como la degradación de los suelos, la contaminación ambiental y la deforestación podrían intensificar los efectos del sobre el sector”.


Rodríguez: “Si empezamos a adaptarnos a la variabilidad climática vamos a estar mucho mejor adaptados y seremos capaces de enfrentar los desafíos que nos plantea el cambio climático”.

En este sentido, consideró “estratégico” conocer estas estimaciones climáticas hacia fin de siglo para tomar decisiones y anticiparse.

“Si empezamos a adaptarnos a la variabilidad climática vamos a estar mucho mejor adaptados y seremos capaces de enfrentar los desafíos que nos plantea el cambio climático”. 

Y subrayó: “Debemos trabajar hoy para una mayor adaptación a futuro. Hay muchas cosas para ajustar, a fin de poder adaptarnos y aprovechar, así, estas condiciones favorables”.

De acuerdo con el especialista, el sector agropecuario argentino siempre mostró una gran capacidad de adaptación a la variabilidad del clima.

Sin embargo, es necesario un acompañamiento desde el INTA a los productores en este proceso mediante el diseño de políticas y estrategias de adaptación.

Asimismo, recalcó que el cambio climático es un fenómeno a largo plazo consecuente con la acción del ser humano, un proceso continuo que sigue siempre la misma tendencia. Y no dudó en confirmar que “habrá una mayor frecuencia y una mayor intensidad de los fenómenos extremos, para lo cual debemos estar preparados”.

De todos modos, reconoció que “hoy, la ciencia no cuenta con las herramientas necesarias para asociar eventos concretos al cambio climático”.

INTA

Estrategias de pastoreo con cabras y ovejas


Evalúan estrategias de pastoreo con cabras y ovejas

En los llanos de La Rioja, especialistas del INTA estudian los efectos del pastoreo combinado en el monte natural con dos especies de animales.

Resultados preliminares, muestran que es posible mejorar los indices productivos, incrementar la producción de carne y mantener la sustentabilidad del ambiente.


La cría de ganado bovino, caprino y ovino es la principal actividad pecuaria de la región y es el principal sustento del productor rural.

Sin embargo, el sobre uso de las áreas de pastoreo derivó en una notable disminución de las especies vegetales nativas, principalmente herbaceas.

Por esto, un equipo de investigadores del INTA La Rioja se enfoca en la búsqueda de estrategias que permitan incrementar los índices productivos ganaderos y, a la vez, conservar la biodiversidad de especies herbáceas y leñosas.

“En esta región, la vegetación nativa es la principal fuente de forraje para el ganado bovino, caprino y ovino”, señaló Raúl Díaz –especialista en producción animal del INTA La Rioja– y agregó:


“Estudiamos diversos esquemas de manejo del pastoreo combinado para incrementar la producción de carne sin dañar el ecosistema natural”.

“Los pequeños productores de la región siempre manejan caprinos y ovinos de forma combinada en pastoreo continuo”, indicó Díaz quien detalló que plantearon esquemas de manejo en sistemas rotativos de pastoreo, ajustando la carga de ambas especies en función de la productividad de la vegetación arbustiva y herbácea.


Díaz: “Estudiamos diversos esquemas de manejo del pastoreo combinado para incrementar la producción de carne sin dañar el ecosistema natural”.

Para lograrlo, Díaz tuvo en cuenta aspectos importantes de la producción animal extensiva y de cada uno de los recursos forrajeros presentes en estos ambientes.

Para cabras, se usaron dos potreros de pastizal natural, aplicando un sistema de pastoreo rotativo alternado, es decir, doce meses permanecen en un potrero, mientras el otro potrero se mantiene en descanso y sin pastoreo.

En cuanto a los ovinos, se aplicó un esquema en el que durante nueve meses permanecieron en el pastizal natural junto con las cabras, mientras que los tres meses –de servicio y parición– estuvieron en potreros con pastura de buffel grass donde pastorearon ovinos solos.

Según los resultados preliminares, “es posible mantener dos especies de habito de pastoreo diferente, como las cabras que son ramoneadoras y las ovejas que son pastoreadoras, en potreros extensos de vegetación natural”, aseguró Díaz.

Sin embargo, “para obtener buenos resultados es necesario incorporar algunas mejoras tecnológicas, como el apotreramiento y las divisiones que permitan hacer rotaciones”, advirtió el especialista del INTA y agregó:

“De este modo, será posible hacer un uso sustentable del recurso forrajero leñoso y herbáceo e incrementar la producción de carne”.


“Es posible mantener dos especies de habito de pastoreo diferente, como las cabras que son ramoneadoras y las ovejas que son pastoreadoras, en potreros extensos de vegetación natural”, aseguró Díaz.

INTA

Huella de carbono en la producción ovina


Miden la huella de carbono en la producción ovina

Un equipo de especialistas de la Argentina, Perú y España logró cuantificar las emisiones totales que se producen en establecimientos ganaderos dedicados a la producción de carne de cordero y de lana.

Es la primera vez que se realiza un estudio a escala regional que incluye los principales tipos de ecosistemas encontrados en los pastizales patagónicos.

Con el objetivo de brindar información relevante y necesaria para producir e incorporar productos en mercados internacionales cada vez más exigentes, investigadores de la Argentina, Perú y España midieron la huella de carbono (HC) en establecimientos ganaderos dedicados a la producción de carne de cordero y de lana.

Además de reportar variaciones en los aportes de estos rubros, determinaron que entre el 75 y el 90 % de las contribuciones son generadas por la producción primaria.

De acuerdo con los resultados obtenidos en el estudio, y publicados recientemente en la revista científica Sustainability, a escala regional la huella de carbono total de cordero y lana, que incluye las emisiones producidas en los establecimientos ganaderos, el transporte y el procesamiento industrial, se incrementó de 10,64 a 41,32 kg de CO2-eq/kg para carne de cordero (carcasa) y de 7,83 a 18,70 de kg CO2-eq/kg para lana lavada y peinada.

“Es la primera vez que un estudio brinda la huella de carbono de la producción de cordero y lana en la Patagonia, medida a nivel de establecimientos ganaderos y a escala regional, donde se incluyen los principales tipos de ecosistemas encontrados en los pastizales patagónicos”, destacó Pablo Peri, investigador de la Estación Experimental Agropecuaria Santa Cruz del INTA y de la Universidad Nacional de la Patagonia Austral (UNPA) – CONICET.

Según Peri, la relación entre “el ganado rumiante y el cambio climático son una preocupación debido a su contribución a las emisiones antropogénicas de gases de efecto invernadero”. 

Frente a lo cual resulta “necesario conocer la contribución que hace la producción primaria a los fines de poder evaluarla y adoptar medidas mitigación”, apuntó. 

De acuerdo con el artículo, que tiene a Peri como primer autor y lo acompañan Yamina Rosas y Guillermo Martínez Pastur del Laboratorio de Recursos Agroforestales del Centro Austral de Investigaciones Científicas (CADIC, CONICET), Brenton Ladd, de la Escuela de Agroforestería de Universidad Científica del Sur de Lima –Perú–, Ricardo Díaz-Delgado, de la Estación Biológica de Doñana de Sevilla –España–, la contribución predominante fue la producción primaria en el establecimiento.

Los 63 establecimientos ganaderos de la provincia de Santa Cruz seleccionados para el estudio están dedicados a la producción extensiva de ovejas, principalmente la raza Corriedale, y fueron integrados en un sistema de información geográfica.

Representaron del 75 al 90 % de las contribuciones, seguido del procesamiento en la industria del 2 al 15 % y las del transporte a la industria oscilaron entre un 3 y 15 %, dependiendo de la distancia de las instalaciones de procesamiento.

Mientras que los valores más bajos de HC se dieron en los pastizales más productivos.

Para evaluar completamente los efectos positivos y negativos de las estrategias de mitigación sobre las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) en las cadenas de producción, se utilizaron evaluaciones de ciclo de vida (ECV) para dar cuenta de todos los GEI emitidos desde todas las etapas de la producción ovina.


Peri: “El ganado rumiante y el cambio climático son una preocupación debido a su contribución a las emisiones antropogénicas de gases de efecto invernadero”.

Las emisiones GEI, expresados como equivalentes de dióxido de carbono (CO2-eq) emitidos durante la producción de un producto dado se denomina su huella de carbono (HC) y “permite dar a los productores y consumidores una idea de su contribución al calentamiento global”, señaló Peri.

Sin embargo, la huella de carbono es una faceta de la evaluación del ciclo de vida (ECV) que se enfoca en la emisión de gases de efecto invernadero para un solo producto.

El ECV no solo se refiere a productos materiales, como carne o lana, sino también aspectos como los servicios ecosistémicos y la conservación de la biodiversidad del paisaje, “lo cual queda pendiente de evaluar”, señaló Peri.

“La gestión exitosa de las emisiones de GEI del ganado es un desafío importante para la comunidad científica, el sector comercial y los responsables de definir las políticas”, dijo Peri.

Los resultados de la HC para la producción de cordero y lana del trabajo presentado “ayudan a caracterizar el perfil de emisiones de gases de efecto invernadero de los productos ganaderos en la Patagonia Austral al proporcionar una línea de base para planificar acciones de mitigación”, puntualizó Peri y agregó: “La huella de carbono se perfila como un factor determinante para las transacciones de productos ovinos entre países”.

En ese orden, el trabajo alienta a que conocer la HC proporciona un punto de referencia de emisiones contra el cual se pueden establecer objetivos de mitigación y medir el progreso, además de permitir el etiquetado de carbono de los productos alimenticios para informar las decisiones de compra de los consumidores sobre productos sostenibles.

Según señalan los investigadores, la evidencia disponible indica que el etiquetado de HC en la agricultura es una realidad emergente y muchos consumidores evaluados a través de encuestas en los Estados Unidos y la Unión Europea (aproximadamente el 65 %) estaban dispuestos a considerar a la HC de un producto al tomar sus decisiones de compra.

Dadas estas tendencias, “evaluar la HC de la principal industria de carne de cordero y lana orientada a la exportación en la provincia de Santa Cruz es relevante, ya que hasta el momento no había antecedentes en la literatura científica sobre la HC de la producción ovina en la Patagonia”, concluyó Peri.

INTA

domingo, 14 de junio de 2020

Webinar Plástico - transformación y destino en el mar


#WorldOceansDay 
charla de la Dra. Rosana Di Mauro

Aquí pueden ver su charla completa! 


Webinar #DiaMundialdelosOceanos
Dra. Rosana Di Mauro (CONICET-INIDEP) 
"Plástico: transformación y destino en el mar"

INIDEP



CTMFM investigadores argentinos y uruguayos elevaron recomendaciones para la conservación y manejo de tiburones gatuzo y pez ángel


En el marco de la CTMFM, investigadores argentinos y uruguayos elevaron recomendaciones para la conservación y manejo de tiburones gatuzo y pez ángel

Fue durante un encuentro realizado por videconferencia.

Por Argentina participaron investigadores del INIDEP, en tanto que por Uruguay lo hicieron científicos de la DINARA.

Entre los días 8 y 10 de junio, el Grupo de Trabajo Condrictios (GT-Condrictios) de la Comisión Técnica Mixta del Frente Marítimo (CTMFM) se reunió por videoconferencia.

El objetivo del encuentro fue elevar recomendaciones en relación con la conservación y el manejo de los tiburones gatuzo (Mustelus schmitti) y pez ángel (Squatina guggenheim), sobre la base de la mejor información disponible.

Por Argentina estuvieron presentes el Lic. Oscar Padín, la Dra. Claudia Carozza, la Dra. Analía Giussi, el Dr. Jorge Colonello, el Dr. Federico Cortés, el Dr. Marcelo Pérez y la Lic. Natalia Hozbor, todos pertenecientes al Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero (INIDEP); junto al Dr. Ramiro Sánchez. 

En tanto que por Uruguay participaron Andrés Domingo, Rodrigo Forselledo, Laura Paesch, Santiago Silveira y Federico Mas, de la Dirección Nacional de Recursos Acuáticos (DINARA). Coordinó la reunión el secretario Técnico de la CTMFM, Daniel Gilardoni.


En el encuentro se presentaron también los avances en el programa conjunto de marcado y recaptura de gatuzo, que tiene por objetivos avanzar en el conocimiento de la distribución y el desplazamiento de esta especie y estimar parámetros biológicos (crecimiento por ejemplo).

Hasta el momento se han marcado 2.964 individuos en las costas de Argentina y Uruguay, registrándose un número interesante y continuo de re-capturas que denotan los resultados positivos.



Es importante destacar la buena predisposición de pescadores deportivos, artesanales y comerciales para informar las recapturas, premiándose esto con la entrega de una recompensa simbólica.

Se proyecta continuar marcando ejemplares y analizando la información obtenida.

Se analizaron avances en cuanto a la actualización de las series históricas de índices de abundancia relativa estandarizados de gatuzo y pez ángel.

Una de las actualizaciones es producto de la última campaña de investigación realizada en la región costera durante noviembre del año 2019 a bordo del BIP Víctor Angelescu del INIDEP y, la otra, se obtuvo a partir de datos de la flota comercial.

En la reunión también se presentaron los modelos de evaluación de biomasa de gatuzo y pez ángel en el área del Tratado del Rio de la Plata y su Frente Marítimo, que abarcan el período que va de 1983 a 2019.

Estos modelos fueron analizados y discutidos a fin de elevar las recomendaciones de manejo a las autoridades de la CTMFM.

Además de las recomendaciones de manejo de gatuzo y pez ángel, el GT-Condrictios elevó otras sugerencias y recomendaciones de investigación prioritaria, que se enmarcan en el Plan de Acción Regional para la Conservación y Pesca Sustentable de los Condrictios del área de Tratado del Río de la Plata y su Frente Marítimo.

Como es habitual, los resultados de la reunión fueron plasmados en un informe acordado por ambas pares para ser entregado a las autoridades de la Comisión.

INIDEP


Frente Valdés “Proteger la biodiversidad marina - Enfoque Ecosistémico de la Pesca y áreas protegidas”,


Aportan información para la elaboración de la línea de base ambiental y socioeconómica 
en el área del Frente Valdés

Fue durante un encuentro realizado entre investigadores del INIDEP y consultores de FAO que trabajan en la caracterización del Frente Valdés.

En el marco del Proyecto “Proteger la biodiversidad marina - Enfoque Ecosistémico de la Pesca y áreas protegidas”, ejecutado por el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible e implementado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), con financiamiento del Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF), investigadores del Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero (INIDEP) tuvieron una reunión el 29 de mayo con consultores de FAO que trabajan en la caracterización del Frente Valdés.

En el encuentro realizado vía Meet, por parte del INIDEP participaron el Jefe del Laboratorio de Bentos, Dr. Diego Giberto (CONICET-INIDEP) y el estudiante Ary Suby.

Se revisaron aspectos relacionados con los resultados del muestreo bentónico llevado a cabo en la campaña “Caracterización biológica y ambiental del área Frente Valdés durante diciembre 2018”, realizada en el BIP Víctor Angelescu del INIDEP.



"El trabajo de los investigadores de esta campaña permitirá comprender los procesos ecológicos que se desarrollan en el ecosistema marino de Frente Valdés, lo cual posibilitará identificar áreas clave a conservar.

Para ello, es fundamental interactuar con otros científicos para incorporar una mirada integral que tenga en cuenta los aspectos económicos y sociales vinculados a las actividades productivas.

Este proceso requiere de reuniones con diferentes actores, tanto gubernamentales como de los sectores productivos”, afirmó Antonio de Nichilo, coordinador Técnico Nacional del Proyecto.

El objetivo del proyecto es fortalecer las capacidades de gestión y protección de la biodiversidad marina en áreas de importancia ecológica, ampliando el conocimiento sobre los aspectos biológicos, ecológicos, sociales y económicos de los ecosistemas marinos, fortaleciendo la gestión de áreas marinas protegidas, aplicando el enfoque ecosistémico de la pesca, para minimizar los impactos negativos de la actividad.

El enfoque ecosistémico de la pesca permite asumir una mirada amplia de las pesquerías, teniendo en cuenta que la actividad se desarrolla en un ambiente y un contexto social determinado.

De esta manera se busca incorporar la mayor cantidad de variables y factores que incidan en la pesquería para que sea sostenible en el tiempo y que contemple elementos que consideren, no solamente cuestiones relativas al recurso, sino también la gente involucrada.

INIDEP