miércoles, 27 de mayo de 2020

Ciencia de invasiones y el Coronavirus SARS-CoV-2


La ciencia de invasiones y el Coronavirus SARS-CoV-2

La creciente conectividad entre diversas regiones mediante redes de transporte global incrementaría las posibilidades de dispersión de enfermedades infecciosas a nivel mundial.

Un artículo encabezado por un investigador del CONICET traza analogías entre las formas de dispersión global de las especies invasoras y las enfermedades infecciosas y convoca a un trabajo interdisciplinario entre ecólogos y especialistas biomédicos.

Un trabajo científico breve, publicado en la revista Trends in Ecology and Evolution, que tiene como primer autor a Martín Núñez, investigador del CONICET en el Instituto de Investigaciones en Biodiversidad y Medioambiente (INIBIOMA, CONICET-UNCOMA), señala aspectos comunes entre la propagación global de patógenos -como el Coronavirus SARS-CoV-2- y la dispersión de especies exóticas invasoras, destacando el peso que las intervenciones humanas sobre la naturaleza y la creciente conectividad global tienen en ambos procesos.

El artículo, del que también participan científicos de Chile y Canadá, es además un llamado al trabajo conjunto entre especialistas en ecología, investigadores biomédicos, epidemiólogos y sociólogos, con el objetivo de limitar futuros brotes pandémicos, e indica que optimizar el marco interdisciplinario de trabajo que ofrece la ciencia de invasiones podría ayudar a lograrlo.

Las especies invasoras son aquellas que al ser transportadas (de manera voluntaria o involuntaria) por los seres humanos a áreas o regiones distintas a su hábitat natural -frecuentemente, incluso, muy alejadas del mismo- generan desequilibrios ecosistémicos al avanzar de manera vertiginosa y dañina sobre las especies nativas, lo que afecta gravemente la biodiversidad.

No toda especie exótica -es decir, ajena a un determinado ambiente en el que se desarrolla- es necesariamente invasiva pero toda especie invasora es exótica.

Que se conviertan en invasoras depende de características propias, pero sobre todo, de su interacción con el nuevo ambiente. 

Algunas especies con fuertes rasgos invasivos son propagadas a diversas regiones del mundo.

Estos procesos no sólo implican perdidas a nivel de la biodiversidad, sino que también tienen impactos sociales y económicos negativos al afectar los servicios que los ecosistemas brindan a la humanidad. 

Pensar al SARS-CoV-2 como una especie invasora

“Aunque resulte infrecuente abordar la dispersión de virus que infectan a los seres humanos como si se tratará de invasiones biológicas, nosotros creemos que el caso de la pandemia actual de COVID-19 -al igual que en el de otras enfermedades infecciosas epidémicas- hay razones para hacerlo.

Se trata de un nuevo organismo que emerge de forma repentina -seguramente como consecuencia de la interacción del ser humano con la naturaleza y, en apariencia, en un entorno (huésped) distinto al de su origen-, prolifera a gran velocidad gracias a su capacidad de adaptación, se distribuye globalmente de forma veloz a través de las redes de transporte que conectan el mundo y tiene un impacto fuertemente negativo sobre el bienestar y la salud humanas”, señala Núñez.

Estas similitudes llevan a sostener a los autores del artículo que la ciencia de invasiones, campo disciplinar en el que ellos se desenvuelven, puede realizar importantes contribuciones para comprender mejor lo mecanismos de propagación de nuevos patógenos infecciosos y de los factores lo facilitan.

El propósito de este aporte sería evitar que se produzcan nuevos brotes infecciosos.

“Creemos que el actual aumento de la conectividad global -exhibido en el crecimiento anual de vuelos y de barcos que transportan carga entre puertos-, en combinación con la continua alteración de los ecosistemas y la explotación de la vida silvestre, incrementa las posibilidades de que emerjan nuevas enfermedades infecciosas que se dispersen rápidamente a nivel mundial.

En este contexto, es importante que los especialistas en distintas disciplinas crucemos nuestros conocimientos para tratar de que esto no ocurra”, asegura el investigador.

Aunque tradicionalmente la ecología de invasiones no se ocupaba del estudio de organismos que afectan la salud humana, eso se modificó en los últimos años bajo la idea de que se trata de formas de vida que están sujetas a constricciones biológicas (esto es, límites a la actuación de la selección natural), cambios evolutivos y traslados a través redes de transporte global.

Es decir, reúnen las mismas características que las especies que la ciencia de invasiones siempre investigó.

La hipótesis de que SARS-CoV-2 apareció y evolucionó en especies silvestres (como los murciélagos) y llegó a los seres humanos como consecuencia de la caza y la venta ilegal, o de otras intervenciones humanas sobre la naturaleza, refuerza la analogía.

Así como los pinos no resultan dañinos en donde son nativos y frecuentemente se transforman en invasores al ser plantados fuera de su hábitat con impacto negativo para lo biodiversidad, es posible que en sus hospedantes naturales el virus no hiciera daño, o, aunque lo hiciera, eso no rompía un equilibrio ecosistémico”, indica Núñez.

El problema es que una vez que infectó a seres humanos no sólo comenzó a enfermarlos, sino también a dispersarse rápidamente, con el agravante de que la inédita conectividad global actual hizo que en muy poco tiempo llegara a casi todos los rincones del mundo.

Finalmente, cuando un organismo patógeno respiratorio que afecta a los seres humanos o una especie invasora se extienden a escala mundial, el modo de manejarlo al que se apunta también es similar: tratar de limitar su expansión.


Infografía: gentileza investigador.

“Aunque, hasta ahora, el trabajo interdisciplinario entre ecólogos e investigadores del campo de las ciencias de la salud, para abordar el problema de las enfermedades infecciosas emergentes, ha sido escaso, creemos que la similitudes entre ambos fenómenos -que van desde su emergencia a sus modos de manejo, pasando por sus formas de dispersión- ameritan el trabajo conjunto”, afirma Núñez.

De acuerdo con los autores del trabajo, las ciencia de invasiones podría ayudar a mejorar de manera significativa el enfoque multisectorial ‘Una salud’ (‘One health’, en inglés) propuesto por la Organización Mundial de la Salud (OMS), que apunta a generar programas, políticas, leyes e investigaciones en el que diversos sectores colaboren para lograr mejores resultados de salud pública, sobre todo en esferas como el control enfermedades transmisibles entre animales y humanos, la inocuidad de los alimentos y la lucha contra la resistencia a los antibióticos.

Por Miguel Faigón

Referencia bibliográfica

M.A. Nuñez, A. Pauchard and A. Ricciardi, Invasion Science and the Global Spread of SARS-CoV-2, Trends in Ecology & Evolution (2020). https://doi.org/10.1016/j.tree.2020.05.004

Autores

M. A. Núñez. Investigador independiente. INIBIOMA.
A. Pauchard. Universidad de Concepción (Chile) y Institute of Ecology and Biodiversity (Chile).
A. Ricciardi. McGill University (Canadá) y Stellenbosch University (Sudáfrica)

CONICET

Cómo maximizar la productividad de manera sustentable


Cómo maximizar la productividad de manera sustentable

Especialistas del INTA aseguran que es posible intensificar la actividad de los sistemas agrícolas y, a la par, mitigar la emisión de gases de efecto invernadero.

Para lograrlo es necesario incorporar herramientas, como la siembra directa, la rotación de cultivos y la integración de la agricultura con la ganadería.

Frente a este contexto, el INTA, junto con Fontagro y Procisur, organiza un ciclo de conferencias que profundizará en las prácticas de manejo que contribuyen a este propósito.

En los últimos 65 años, la actividad humana aumentó en un 80 % las emisiones de dióxido de carbono (CO2), mientras que duplicó la tasa de emisión de metano (CH4) e incrementó entre un 40 y un 50 % las concentraciones atmosféricas de óxido nitroso (N2O).

De acuerdo con el Quinto Informe de Cambio Climático, publicado por el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), la mayor fuente de incremento de los gases de efecto invernadero (GEI) provino de la generación de energía, el transporte y la industria.

Por su parte, la agricultura, la ganadería y los cambios en el uso de la tierra contribuyeron con no más de un tercio de las emisiones.

Ahora bien, ¿es posible reducir la emisión de GEI y mantener el calentamiento global muy por debajo de 2 °C? ¿qué rol cumple el sistema agrícola en este objetivo? ¿es posible maximizar la productividad de manera sustentable? ¿cómo impacta el cambio climático en el sector?

Para Miguel Taboada –director del Instituto de Suelos del INTA Castelar–, se puede maximizar la productividad del sistema agrícola y reducir la emisión neta de gases de efecto invernadero, lo que incluye a la captura de CO2 atmosférico por las plantas.

Esto es posible y necesario para la adaptación al cambio climático. “Nuestra agricultura debe buscar una intensificación sustentable que reduzca el impacto ambiental y social”, subrayó.

Para esto, es importante incluir las mejores prácticas de manejo de suelos y cultivos que contribuyan a este propósito, según la condición especifica de sitio a nivel de predio, cuenca o región.

En este sentido, recomendó las rotaciones de cultivos, la reducción de la erosión hídrica y eólica y la desertificación, la siembra directa, la nutrición de suelos y cultivos con una adecuada tecnología de fertilización, la integración de agricultura con ganadería, entre otras.

“Estas prácticas –eje del ciclo de conferencias “El sector agropecuario frente al cambio climático” para junio y julio– deben resultar en una menor emisión de GEI, mayor captura de carbono en los suelos, mayor eficiencia en el uso del agua, mayor diversidad y actividad biológica en los suelos y uso adecuado y responsable de agroquímicos”, especificó.

Con respecto al impacto del cambio climático en el sector agropecuario, Taboada no dudó en asegurar que “los países de Latinoamérica presentan una marcada heterogeneidad en cuanto a las amenazas de origen climático, clasificadas en tres ejes:  los riesgos de exposición a daños, las vulnerabilidades que afectan a las poblaciones y los ecosistemas y, por último, las oportunidades”.

En esta línea, especificó que el riesgo más notorio es el aumento de las temperaturas medias y de los mínimos diarios con noches más cálidas, aunque también pueden esperarse eventos extremos como olas de calor, menor cantidad de días con heladas, sequías y excesos hídricos en forma de tormentas y granizadas.


Para Taboada, “es importante incluir las mejores prácticas de manejo de suelos y cultivos” y recomendó reducir la erosión hídrica y eólica, además de la desertificación.

En cuanto a las vulnerabilidades, Taboada incluyó a los factores que pueden incrementar o agravar la magnitud de los daños y disminuir la capacidad de resiliencia como, por ejemplo, los altos índices de pobreza, la desaparición de bosques y pastizales y la pobre institucionalidad de algunos países que lleva a la falta de marcos regulatorios o de cumplimiento efectivo de la Ley.

A su vez, aseguró que “aun cuando la mayoría de los cambios del clima son negativos, existen algunos aspectos u oportunidades que pueden favorecer las producciones agropecuarias”. 

Entre ellos, mencionó la tropicalización de las regiones que permiten el cultivo con especies megatérmicas o el aumento de las lluvias, que, bajo ciertas circunstancias, puede permitir el desplazamiento o aumento de las áreas de cultivo.

Entre las principales amenazas climáticas, el especialista del INTA advirtió sobre el impacto del estrés térmico e hídrico para cultivos y ganado, la falta de agua por deshielo, las pérdidas de cultivos y hacienda por los procesos erosivos, como así también las sequías e inundaciones y la mayor diseminación de plagas y enfermedades.

“El nivel de exposición a las amenazas planteadas es muy variable en función, principalmente, del nivel socioeconómico de la población afectada, la rigidez o flexibilidad relativa con que pueden variar sus sistemas productivos o adoptar tecnología y la posibilidad de asistencia o disponibilidad de dicha tecnología”, reconoció.


“Nuestra agricultura debe buscar una intensificación sustentable que reduzca 
el impacto ambiental y social”, subrayó Taboada.

La mitigación: un cambio es posible

De acuerdo con el director del Instituto de Suelos del INTA Castelar, para que la mitigación del cambio climático sea posible se debe realizar ciertas medidas estructurales, sociales e institucionales.

Entre las estructurales, diferenció entre las que requieren el uso de ingeniería y cambios en el entorno físico como la construcción de sistemas de riego o bombeos de agua, de los que demandan un manejo del ecosistema con un impulso hacia la conservación de corredores biológicos, migración de especies en peligro de extinción, forestación, manejo de tierras protegidas, entre otros.

Además, se refirió a la incorporación de opciones tecnológicas de insumos y de procesos, en beneficio de una mejor gestión de los cultivos, la ganadería y el pastoreo.

Entre ellas, destacó la adopción de nuevas variedades y tipos de cultivos y animales, incorporación de mejoras genéticas, el desplazamiento de áreas de cultivo, cambios en las fechas de siembra y adopción de germoplasmas adaptados.

A su vez, destacó los sistemas de cultivo para mejorar la conservación del agua, la captura de nitrógeno de la atmósfera, el reciclaje de residuos, las producciones integradas, los sistemas agroecológicos, el control biológico de plagas, la eficiencia del uso del agua en áreas de secano y regadío, reutilización de agua de drenaje y fertirriego, ajuste de la carga animal, distribución de aguadas, entre otros.

En cuanto a las medidas sociales, destacó la importancia de generar mapas de riesgo y vulnerabilidad, sistemas de alerta temprana y respuesta, monitoreo y uso sistemático de sensores remotos.

Además, se requieren cambios en los patrones de comportamiento que fomenten las prácticas de conservación del suelo y el agua con cambios en los sistemas de cultivo, áreas y fechas de siembra y la incorporación de conocimientos tradicionales de los productores.

Por último, con respecto a las medidas institucionales destacó las económicas, como el pago por servicios ecosistémicos o las referidas a tipo de regulación regional, nacional o municipal para el uso de las tierras y los derechos de propiedad y tenencia, como así también aquellas que protejan el uso de los recursos de suelos, aguas y vegetación.

INTA

lunes, 25 de mayo de 2020

“Hábitats Emergentes” - Concurso Nacional de Ideas


Salvarezza, Bielsa y Cabandié lanzaron el Concurso Nacional de Ideas “Hábitats Emergentes”

En el marco de la emergencia por COVID-19, el Estado Nacional realiza una convocatoria a escala nacional con la finalidad de invitar a estudiantes universitarios, docentes e investigadores a presentar propuestas de viviendas con eficiencia ambiental que puedan construirse en situaciones de emergencia.

El ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación, Roberto Salvarezza y el presidente de la Agencia Nacional de Promoción de la Investigación, el Desarrollo Tecnológico y la Innovación, Fernando Peirano, participaron ayer junto a la ministra de Desarrollo Territorial y Hábitat, María Eugenia Bielsa y el ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible, Juan Cabandié, del lanzamiento del Concurso Nacional de Ideas “HÁBITATS EMERGENTES” y dieron por abierta la inscripción.

Salvarezza destacó que "es una convocatoria muy motivante en medio de esta pandemia, para pensar soluciones en el tema de hábitat y vivienda.

Lo que más hay que agradecer es esta idea de la articulación y pensarnos desde el Estado con una misma misión, poniendo el foco en las necesidades que tiene nuestra sociedad desde los distintos lugares que nos competen a cada uno de nosotros".

La iniciativa tiene como objetivo generar espacios de integración entre la sociedad civil, la academia y el sector público para el diseño y formulación de iniciativas en el sector de vivienda y hábitat.

Se espera que el concurso contribuya a la generación de espacios de intercambio, co-generación de conocimiento y capacitación en la temática de vivienda a nivel nacional.

Por su parte, Peirano sostuvo que "es un concurso que busca repensar la vivienda y su rol social y cómo podemos pensar la nueva dinámica social, la nueva definición de familia". 

"Sabemos que esta emergencia nos convoca y que las ideas y la investigación pueden ser un muy buen vehículo para fortalecer nuestra capacidad de respuesta frente a esta crisis que ha desatado el coronavirus", continuó.

El concurso está organizado en conjunto con la Agencia Nacional de Promoción de la Investigación, el Desarrollo Tecnológico y la Innovación, dependiente del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, cuenta con el acompañamiento del Consejo Interuniversitario Nacional y es financiado con una donación del Fondo Global para el Medio Ambiente, administrado por el Banco Interamericano de Desarrollo.

Al respecto, la ministra Bielsa comentó que "creemos que la convocatoria tendrá una enorme importancia para nuestra comunidad científica, universitaria y profesional.

Hemos trabajando conjuntamente como siempre con los demás miembros del gabinete, la ayuda particular de la Agencia y de Fernando Peirano y con el Banco Interamericano de Desarrollo que aportó el financiamiento para que esto sea posible".

"Es un honor poder articular para que se contemple la dimensión sostenible del hábitat y de la vivienda en estos proyectos.

Nosotros participamos con mucha alegría de esta iniciativa porque marca un camino muy fructífero en el cual podemos contemplar también, algo tan importante como es la construcción de viviendas, el aspecto ambiental mediante la sustentabilidad en estas obras", expresó Cabandié al final del encuentro.

El concurso busca dar soluciones a situaciones de emergencia, como la actual situación provocada por el COVID-19, y también proponer nuevas ideas y soluciones a problemas vinculados con poblaciones que deben enfrentar el colapso habitacional.

La apertura del concurso corresponde al jueves 21 de mayo y quienes participen podrán enviar sus propuestas de trabajo desde el lunes 25 de junio al viernes 29 de junio, y el 13 de julio se llevará a cabo el anuncio de ganadores y entrega de reconocimientos.

Para más información ingresar en este enlace.

MINCyT

viernes, 22 de mayo de 2020

Liberación masiva de avispas benéficas para frenar el HLB


Liberación masiva de avispas benéficas para frenar el HLB

Un equipo de entomólogos del INTA Bella Vista –Corrientes– realizó la primera liberación masiva de Tamarixia radiata en chacras de productores y en el arbolado urbano de la ciudad.

La multiplicación del enemigo natural de Diaphorina citri, vector que transmite la enfermedad de los cítricos, fue gracias a un aporte de más de seis millones de pesos otorgados por el Fondagro.

En la localidad correntina de Bella Vista, un equipo de entomólogos trabaja en el desarrollo de estrategias que ayuden al control del vector que transmite el Huanglongbing (HLB), conocida como enfermedad de los cítricos.

En este sentido, desde hace más de dos años, se enfocan en la multiplicación de Tamarixia radiata para su liberación masiva en chacras de productores y en el arbolado urbano de la ciudad.

“Durante la primera quincena de mayo, liberamos más de 4000 adultos de Tamarixia radiata en una quinta demostrativa perteneciente al proyecto Fontagro, en el arbolado urbano y de traspatio”, expresó Alcides Aguirre –referente del laboratorio de Entomología del INTA Bella Vista, Corrientes– quien estudia el comportamiento de la chicharrita que transmite la enfermedad y las formas posibles de control.

De acuerdo con Aguirre, “la cría y liberación de estos enemigos naturales nos va a permitir controlar al vector en áreas de traspatio y periurbanas sin el uso de productos químicos”. 

Y agregó: “Esto es muy importante, debido a que los programas de prevención no prevén ninguna medida para disminuir las poblaciones de Diaphorina citri –chicharrita que transmite HLB–, en zonas urbanas con citrus o mirto (arbusto ornamental) muy difundido en la zona”.

Según datos sobre liberaciones de la avispa benéfica que se realizaron en Brasil, México y los Estados Unidos, la cantidad requerida para un control eficiente es alta, unos 400 individuos por hectárea como mínimo.

En línea con esta información, el equipo del INTA realizó tres liberaciones en diferentes sitios de la ciudad y una en lotes del Proyecto Fontagro.

“Cada una de las sueltas contó con 1000 individuos adultos de Tamarixia radiata aproximadamente”,  indicó Aguirre.


Aguirre: “Durante la primera quincena de mayo, liberamos más de 4000 adultos de 
Tamarixia radiata“.

“Estas primeras liberaciones nos permiten ajustar los protocolos y evaluar distintos parámetros importantes en esta etapa, como tiempo de sobrevivencia en los tubos de colecta, duración en el transporte y comportamiento de los refrigerantes, entre otros aspectos”, señaló Aguirre y agregó:

“Con esta información, se evaluará también su desempeño en el control, es decir, aumentar el porcentaje de parasitismo natural que ya existe”.

Desde 2018, y gracias a un aporte no reembolsable de más de seis millones de pesos, realizado por el fideicomiso Fondagro, administrado por el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación, el INTA Bella Vista –Corrientes– comenzó con la multiplicación masiva de Tamarixia radiata.

Si bien, en la biofábrica de Tamarixia radiata aún no están construidas las cámaras definitivas de cría, Aguirre y su equipo buscan estandarizar los protocolos de cría y acondicionamiento del recinto para ajustar los procesos necesarios.

“Debido a que en este período otoñal se registra una producción abundante del enemigo natural del vector de HLB, decidimos realizar una serie de liberaciones de adultos de la avispa antes de entrar en invierno”, expresó Aguirre.

El equipo de Entomología del INTA está integrado por Lucía Velozo, Valeria Miño, Roxana Almonacid, Laura Almirón, Roque Cardozo, Matías Rossoli y cuenta con la supervisión técnica de Sara Cáceres y, desde hace más de 17 años, observa y estudia la chicharrita y el parasitoide.

“Recién ahora, tenemos las instalaciones que nos permiten hacer las primeras liberaciones masivas de la avispa y evaluar los resultados a campo”, consideró el investigador del INTA.

El HLB enferma las plantas cítricas –limones, naranja, mandarinas– y provoca que generen frutos amargos, incomibles y deformes hasta que mueren.

Una vez que se detecta la enfermedad en una quinta, obliga a erradicar –arrancar de raíz– la planta afectada y destruirla, sin posibilidad alguna de salvarla.


Aguirre: “la cría y liberación de estos enemigos naturales nos va a permitir controlar al vector en áreas de traspatio y periurbanas sin el uso de productos químicos”.

En este punto, Aguirre hizo hincapié en la prevención y en la oportunidad de tener un centro de multiplicación.

“En la zona citrícola de Bella Vista aún no detectamos presencia de HLB y los niveles poblacionales del vector no son tan altos como en otras zonas citrícolas del país”, indicó y aseguró:

“Esto es una gran oportunidad para implementar estrategias de bajo impacto, disminuir las poblaciones de Diaphorina citri y así impedir el avance rápido del HLB”.

Aunque todavía está en fase de ajuste, la biofábrica del INTA estará preparada para criar unos 500.000 ejemplares de Tamarixia radiata al año, que se destinarán para liberar en el casco urbano de la ciudad y también en zonas productoras.

INTA


Convocatoria Emprende Conciencia 2020


Convocatoria Abierta - Emprende Conciencia 2020 - 
Difunde Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación


INGRESAR

Concurso INNOVAR
MINCyT

martes, 19 de mayo de 2020

Premio GEA para un libro que promueve la conservación del suelo y del agua


Premio para un libro que promueve la conservación del suelo y del agua

El “Manual de buenas prácticas de conservación del suelo y del agua en áreas de secano” fue galardonado con el premio GÆA al Mérito Geográfico por el aporte de información para la preservación de los recursos naturales.

Fue editado por el Centro para la Promoción de la Conservación del Suelo y del Agua (PROSA) y por el INTA.

“Estamos muy contentos con esta distinción”, reconoció Roberto Casas –director del PROSA y uno de los editores del libro– al recibir la notificación de la Sociedad Argentina de Estudios Geográficos, y agregó:

“Esta obra pudo plasmarse gracias al compromiso, experticia y aporte desinteresado de los especialistas que, en los distintos rincones del país, trabajan en defensa de nuestros recursos naturales”.

La Junta Directiva de la Sociedad Argentina de Estudios Geográficos (GÆA) aprobó por unanimidad entregar el Premio GÆA al Mérito Geográfico 2020.

“Además de describir las principales buenas prácticas para el buen uso del suelo en áreas de secano, este libro aporta información valiosa para la conservación de recursos naturales estratégicos que cumplen funciones de alcance social y que trascienden las generaciones”, señaló la Junta Directiva.

La obra Manual de Buenas Prácticas de Conservación del Suelo y del Agua en áreas de Secano de la Argentina, publicada por el INTA y el Centro para la Promoción de la Conservación del Suelo y del Agua (PROSA) de la Fundación para la Educación, la Ciencia y la Cultura (FECIC), describe 214 buenas prácticas recomendadas para las distintas ecorregiones y provincias del país.

“La conservación del suelo y del agua constituye un deber inexcusable, ya que se trata de recursos estratégicos para la Nación argentina”, destacó Casas.


El manual describe 214 buenas prácticas recomendadas para las distintas 
ecorregiones y provincias del país.

El manual contiene 25 capítulos redactados por 206 especialistas y referentes de instituciones oficiales y privadas del país. De acuerdo con sus editores –Roberto Casas y Francisco Damiano–“la información consignada en el Manual es de interés para extensionistas, investigadores y productores, para implementación de programas de conservación de suelos a escala nacional y provincial, como así también para la elaboración y aplicación de legislación en conservación de suelos”.

“Esta obra demuestra que, en la Argentina, existen los conocimientos y las tecnologías disponibles para desarrollar una producción agropecuaria sustentable”, señaló Miguel Taboada –director del Instituto de Suelos del INTA– quien agregó:

“Cumplir con las buenas prácticas nos asegurará un rol estratégico como país productor de alimentos que, en un futuro inmediato, se constituirán en exigencias del comercio internacional”.

Desde 1965, la Sociedad Argentina de Estudios Geográficos entrega este premio en reconocimiento al esfuerzo de ciudadanos argentinos que hayan realizado obras de real mérito geográfico.

Si bien la entrega del reconocimiento está prevista para la ceremonia inaugural de la 81º Semana de Geografía, el 16 de septiembre, sus organizadores adelantaron que la fecha está condicionada a la situación nacional respecto de las reglamentaciones sanitarias.

INTA


viernes, 15 de mayo de 2020

Bosques - Nuevas tecnologías para caracterizar la estructura


Nuevas tecnologías para caracterizar la estructura de los bosques

Investigadores del INTA, del Conicet y de las universidades de Buenos Aires y San Luis utilizaron drones y un escáner láser terrestre para medir diferentes variables estructurales en bosques de la región chaqueña.

Ambas tecnologías permitieron hacer mediciones en forma precisa, sistemática y automatizada.

La información estará disponible en una biblioteca de acceso libre.

La caracterización estructural de los bosques es materia de investigación de ingenieros forestales y biólogos desde hace siglos.

Entre otras implicancias, estas mediciones son necesarias para estimar biomasa, reservas del carbono, biodiversidad y productividad.

Pese a la importancia, la información disponible es escasa debido a la complejidad que tiene el relevamiento de los atributos estructurales.

En busca de alternativas que faciliten estos estudios, investigadores del INTAConicet y de las universidades de Buenos Aires y San Luis utilizaron drones y un escáner láser terrestre para hacer mediciones en bosques de la región chaqueña.

Ambas tecnologías permitieron medir en forma precisa, sistemática y automatizada diferentes variables estructurales de los bosques.

La información estará disponible en una biblioteca de acceso libre.

“Estas mediciones son necesarias para la estimación de biomasa, reservas del carbono, calidad del hábitat y biodiversidad, así como para el desarrollo de estudios de dinámica de fuegos, productividad, sucesión ecológica y otros análisis forestales”, amplió Antonella Ferraina, becaria doctoral del Conicet en el Instituto de Clima y Agua del INTA.

De acuerdo con la investigadora, la caracterización de la estructura de los bosques requiere cuantificar algunas variables como la altura de los árboles, la cobertura de copas, la distribución de biomasa por estratos y el diámetro de fuste, entre otras.

A su vez, la estructura puede caracterizarse según su composición (qué hay y cuánto) y su configuración en el espacio (cómo está dispuesto).

Gracias al trabajo de campo, se logró una colección georreferenciada de representaciones 3D de bosques localizados en la región chaqueña.

“Este conocimiento contribuye a mejorar nuestro entendimiento de la relación entre la estructura y el funcionamiento de los bosques, el proceso de degradación de los bosques chaqueños, y de los controles físicos y culturales de la acumulación de carbono, entre otros aspectos”, sostuvo Ferraina.

Asimismo, las representaciones 3D de los bosques –que, a futuro, estarán integradas  en una biblioteca de acceso libre específica para el tema estructura de bosques– podrán ser utilizadas para calibrar y validar modelos que permitan estimar atributos estructurales a partir de, por ejemplo, la información provista por la Misión SAOCOM.


La caracterización de la estructura de los bosques requiere cuantificar algunas variables como la altura de los árboles, la cobertura de copas, la distribución de biomasa 
por estratos y el diámetro de fuste.

Ensayo innovador

Con el objetivo de ampliar la base de información especializada, los investigadores decidieron implementar el uso de nuevas tecnologías: drones, técnicamente llamados Vehículos Aéreos No Tripulados (VANTs), y un Escáner Láser Terrestre (ELT).

Se utilizaron drones de cuatro alas rotatorias equipados con una cámara RGB que realizaron vuelos planificados y automatizados, en los que se tomaron imágenes de los bosques desde diferentes posiciones.

“Mediante técnicas de fotogrametría, se procesaron las imágenes para crear una nube tridimensional de puntos (modelo 3D), que representa la disposición en altura de las copas y vegetación de sotobosque y permite generar distintos Modelos Digitales de Elevación (MDE) de los bosques”, describió Ferraina.

Por su parte, el ELT es un LIDAR (del inglés, Light Detection and Ranging) empleado para recopilar información de alta resolución sobre la estructura y distribución de los objetos en el espacio.

“Cuando se lo aplica en bosques, describe la disposición de todo elemento presente en dicho espacio, como suelo, pastos, arbustos y árboles”, señaló Ferraina.


Para el estudio se utilizaron drones de cuatro alas rotatorias equipados con una cámara RGB que realizaron vuelos planificados y automatizados, en los que se tomaron 
imágenes de los bosques desde diferentes posiciones.

Para la investigadora, una de las pocas desventajas del ELT es que no puede “ver” detrás de los objetos.

“Por lo tanto, en bosques con alta densidad de biomasa hay oclusión y sólo se pueden registrar los objetos directamente más próximos al escáner”, detalló.

Para compensar esta limitante, se realizaron escaneos desde múltiples posiciones a fin de generar una representación tridimensional de la mayoría de los objetos en el espacio.

“Salvo las dificultades de acceso a las parcelas, esta tecnología involucra un menor trabajo a campo (cada escaneo se realiza en pocos minutos) y los datos obtenidos en los relevamientos pueden servir como inventarios forestales, como verdad terrestre para calibrar y validar modelos alométricos y estimaciones realizadas con sensores remotos”, explicó Ferraina.


Ferraina: “Mediante técnicas de fotogrametría, se procesaron las imágenes para crear una nube tridimensional de puntos, que representa la disposición en altura de las copas y vegetación de sotobosque y permite generar distintos Modelos Digitales 
de Elevación (MDE) de los bosques”.

Durante 2018 y 2019, se realizaron cinco campañas de medición en bosques en diferente estado de conservación y bajo distintos manejos en la región chaqueña.

La selección de los sitios se distribuyó entre las diferentes unidades biogeográficas de la región, en pos de representar la heterogeneidad del ambiente físico (régimen térmico, disponibilidad de agua, características edáficas), geográfico y humano (estructura del paisaje, tipos de uso) y productivos.

En total, se realizaron 195 vuelos con VANTs y 60 sitios relevados con el ELT en las provincias de Santiago del Estero, Chaco, Formosa, La Rioja, San Luis y Catamarca.

Ferraina lleva adelante esta investigación en el marco de su tesis doctoral en la Facultad de Agronomía de la UBA, que, a su vez, forma parte del proyecto “Cuantificación y monitoreo de los servicios ecosistémicos como base para el Ordenamiento Territorial en la región Chaqueña” (INTA) y del proyecto MapBiomas (INTA – The Nature Conservancy).

En el estudio, también trabajan Diego de Abelleyra y Cielo Goméz Taffarel (INTA); Germán Baldi (Conicet e Instituto de Matemática Aplicada San Luis, Universidad Nacional de San Luis); Javier Grosfeld (Centro Científico Tecnológico Patagonia Norte del Conicet); Tamara Propato y Santiago Verón (INTA, Conicet y Facultad de Agronomía de la UBA).

Como pasos a futuro, los investigadores se proponen realizar nuevas campañas de medición en bosques de la Patagonia para aportar al desarrollo de la biblioteca estructural de bosques argentinos.

“El acceso a la biblioteca será libre de manera de garantizar el máximo aprovechamiento de este proyecto que involucró la articulación de numerosas instituciones públicas”, indicó Ferraina.

INTA

martes, 5 de mayo de 2020

Los murciélagos y su rol en el surgimiento de nuevas enfermedades virales


Marcela Orozco en trabajo de campo con murcielagos
Foto: Gentileza investigadora.

Marcela Orozco, investigadora del CONICET, explica por qué estos mamíferos voladores están en escena en la pandemia actual y qué impacto tuvo la actividad humana en anteriores epidemias con virus similares.

Mucho se habló sobre los murciélagos como posible origen del coronavirus SARS-CoV2, que se diseminó en el mundo al pasar a los humanos y que produce la enfermedad nombrada como COVID-19.

Marcela Orozco, es investigadora del Instituto de Ecología, Genética y Evolución de Buenos Aires (IEGEBA, CONICET-UBA), y estudia este tipo de surgimiento de enfermedades humanas para detectar estos “saltos” de especie, o saltos zoonóticos, en el contexto de las interacciones ecológicas.

Estos mamíferos particulares, únicos con capacidad de volar de manera sostenida, explica la científica, son considerados excelentes reservorios de virus.

Es decir, habitualmente son capaces de mantener diferentes virus en su organismo sin enfermar.

¿Por qué los murciélagos son capaces de hacerlo?

¿Por qué ellos y no otras especies?

Mucho tiene que ver con la evolución de los murciélagos a poder volar.

Mantener esa actividad hace que tengan un organismo en constante estrés fisiológico, que si no existiera una forma de atenuarlo, podría generarles un daño, porque habría moléculas oxidantes circulando permanentemente en su organismo.

“Lo que ocurre es que durante el proceso evolutivo los murciélagos lo que hicieron para poder volar, es mitigar el estrés oxidativo asociado a actividades metabólicamente costosas como el vuelo.

Han logrado desarrollar mecanismos que actúan disminuyendo la inflamación y evitando la tormenta de citoquinas, un fenómeno que comparte el estrés y la respuesta inmunológica”.

A su vez, su respuesta inmune es capaz de controlar determinados virus  “son capaces de mantener un delicado equilibrio entre la respuesta inmune antiviral y la respuesta inflamatoria, es un proceso súper eficiente, pueden controlar la replicación viral pero tienen bloqueados algunos mecanismos de la inflamación, entonces inhiben algunos procesos que podrían llevarlos a la muerte”.


 Murciélago en observación por el grupo de trabajo IEGEBA
Foto: gentileza investigadora.

Un sistema siempre atento

“En la mayoría de los vertebrados el proceso inflamatorio se desencadena cuando hay un estímulo.

En el caso de los murciélagos, fue estudiado el funcionamiento de un interferón en particular, que está todo el tiempo alerta, y si bien tiene una respuesta más atenuada -por esta inhibición de las vías de inflamación- es una respuesta más rápida, porque está siempre encendido”.

“Esto a su vez obliga a los virus a replicarse más rápidamente para intentar ‘sobrevivir’, y a su vez, el hecho de que algunos virus puedan recombinarse, mutar y adaptarse a nuevas especies incrementaría su virulencia y patogenicidad”.

Marcela Orozco durante trabajo de campo
Foto: Pablo Rodríguez.

Las consecuencias de la degradación de ambientes

Cuando los ambientes silvestres son degradados, algunas especies pueden extinguirse, mientras que otras pueden desplazarse buscando nuevos ambientes más óptimos y en esa búsqueda muchas veces entran en contacto con animales domésticos y con los humanos, por ejemplo en entornos productivos.

Esos animales domésticos terminan siendo los intermediarios y a veces los amplificadores de algunos virus, los que terminan acercándose a las personas.

“Este coronavirus que provocó la pandemia actual  y se adaptó de alguna manera a los humanos, podría tener su origen en coronavirus de murciélagos.

Se conocen coronavirus parecidos como el que provocó el SARS -síndrome agudo respiratorio- en 2003, por eso se postula que este podría tener un origen similar.

Aún no se demostró este origen para COVID aunque todas las miradas están puestas ahí, justamente por las similitudes que hay”.

En la epidemia de 2003, el coronavirus que causó el SARS afectó parte de Asia y fue contenido con medidas de distanciamiento e higiénicas.

Recién en 2017, se pudo identificar en colonias mixtas de murciélagos distintos coronavirus que entre sí daban origen al que originó SARS, es decir, sus ancestros directos.

En algunos casos, aclara la investigadora, se observa que existe un hospedador intermediario, una especie que media entre los murciélagos reservorio de virus y el humano.

Aquí, en la transmisión influye el manejo de las especies para consumo, la venta ilegal y los también los desplazamientos que se dan como consecuencia de la degradación del medioambiente. 

Por ejemplo, en los mercados de animales, el hacinamiento de distintas especies domésticas y silvestres que terminan compartiendo patógenos es un factor de riesgo que propicia la transmisión.

“En el caso de SARS se postula que los hospedadores intermediarios fueron las civetas, para el caso de MERS [el coronavirus que produjo la epidemia de 2012 en Oriente Medio] se conoce que los dromedarios son los reservorios del virus.

Para el COVID aún no se sabe si hubo un hospedador intermedio, y se postula que podría ser el pangolín, pero realmente aún es un gran interrogante”.

“Lo que nos hace pensar que debería existir un hospedador intermediario es que, justamente, en el momento en que ocurre el brote, los murciélagos de la especie a la que se está apuntando, estaban hibernando.

Debería haber sido difícil que esos murciélagos hubieran provocado un salto directo a las personas.

Por eso se piensa en un otro vertebrado que haya funcionado como nexo, entre lo que sucede en los ambientes naturales y lo que pasa en los mercados de China”.

“En el caso de los dromedarios, es más cultural, porque la convivencia entre humanos y dromedarios, en Medio Oriente y África es alta, ya que acompañan a las personas en ceremonias religiosas y también son parte de actividades productivas.

Hay épocas del año en las que, especialmente desde la zona que se conoce como Cuerno de África, se nueve una gran cantidad de dromedarios durante distintas actividades; dentro de Medio Oriente las peregrinaciones multitudinarias mueven conjuntamente personas y animales, y el contacto es estrecho”.

En los comienzos del aislamiento preventivo que se determinó en la Argentina, Orozco y su equipo realizaron un vídeo en el que de manera didáctica se explican estas cuestiones en profundidad.

Se puede acceder aquí a verlo en el canal de Youtube del grupo.



CONICET


domingo, 3 de mayo de 2020

Investigador del CONICET fue nombrado miembro honorario de la Ecological Society of America


Diego Vázquez, investigador principal del CONICET en el IADIZA. 
Foto: gentileza investigador

Que por sus contribuciones a los estudios en el campo de la ecología.

Diego Vázquez, investigador principal del CONICET en el Instituto Argentino de Investigaciones de las Zonas Áridas (IADIZA, CONICET-UNCUYO-Gob. Mza.), fue reconocido como miembro honorario 2020 (“fellow”) de la Ecological Society of America (ESA), la sociedad profesional de ecología más grande del mundo.

El investigador es el único latinoamericano seleccionado de entre un grupo de más de veinte profesionales reconocidos por la ESA, que desde 2012 elige miembros honorarios por sus sobresalientes contribuciones en la investigación, comunicación, educación y gestión en el campo de la ecología.

“Me parece que este tipo de reconocimientos sirve para visibilizar a las instituciones y los grupos de los que somos parte, y para demostrar que en países como el nuestro se hace investigación que es considerada de relevancia y de impacto internacional”, expresó el científico.

Vázquez fue elegido por la excelencia de su investigación, relacionada con el entendimiento de las reglas que gobiernan las interacciones ecológicas, las redes de interacciones entre especies, y el funcionamiento y la conservación de mutualismos planta-animal.

La Ecological Society of America fue fundada en 1915 y, con más de nueve mil miembros, es la comunidad de ecólogos profesionales más grande del mundo.

Publica cinco revistas, Vázquez forma parte del comité editorial de dos de ellas: Ecology y Ecological Monographs, un boletín de membresía y comparte información ecológica a través de políticas, difusión en los medios e iniciativas educativas.

CONICET